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miércoles 26 de septiembre de 2018
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12/01/2018
Locales
Delfor Brizuela: "Un atropello más"
Uno de los logros de nuestra democracia, unánimemente reconocido y de amplio consenso social, fue la articulación de los poderes republicanos y constitucionales, en la batalla contra la impunidad, de los responsables de la oscura y horrorosa etapa del Terrorismo de Estado en la Argentina.

En esto, la Argentina fue pionera, especialmente a partir de la anulación de las leyes de obediencia debida y punto final.

A partir de allí y con el precedente positivo del juicio a Las Juntas del gobierno del Dr. Alfonsín, allá en los albores de la luchada y ansiada recuperación democrática, se inició un derrotero esperanzador de Memoria con Verdad y con Justicia.

Así, se sustanciaron y reencaminaron causas que comúnmente caracterizamos, de Lesa Humanidad.

Gracias a esta política de Estado, y el compromiso  integral de la Institucionalidad democrática, se pudieron concretar muchísimos juicios en el territorio nacional, donde se garantizó el debido proceso y la defensa en juicio de los imputados, como así también el derecho de las víctimas a dar testimonio de sus calvarios y poder acceder ellos y el cuerpo social íntegro, a la reparación anhelada, con cientos de condenas, que comenzaron a borrar la huella negra de la impunidad y resolver el impulso de la revancha con el martillo virtuoso de la Justicia que pone las cosas en su lugar.

Hoy, lamentablemente, asistimos estupefactos, a una peligrosa regresión, y más grave aún, a una mimetización de los resortes institucionales con una incipiente ideología de  la impunidad y de un camuflado, pero evidente intento, de reivindicar a los represores y al terrorismo de estado con el eufemismo falso de la reconciliación y un amañado humanitarismo, sostenido desde las más altas esferas del poder político dominante y de su subordinado y cooperativo poder judicial y mediático.

Un botón de muestra, es la facilidad en conceder prisiones domiciliarias, que tienen más aires de libertad, en muchos casos lujosa y obscena, como el caso patético de Echecolatz y otros y que constituyen una provocación, una burla y un agravio infligido a la conciencia colectiva de la humanidad, por los que detentan el Poder, en su origen democrático, pero que en sus dichos, prácticas y ejercicio dejan mucho que desear y que a veces parece confundirse con nostalgias de la más autoritaria "calaña". Más, cuando quiénes obtienen estos beneficios de la efectiva ejecución de la pena, resuelta en juicios justos, se manifiestan orgullosos de la más horrenda de las crueldades imaginables y dispuestos a seguir cometiéndolas si tuvieran oportunidad, lanzando una beligerante y encendida amenaza al orden democrático, la justicia y la paz.

Mientras, ese ambiente y aire tóxico que da, sui generis prisiones domiciliarias, como a Echecolatz y Bianco; condena de antemano y con odioso escarnio, sin respetar en lo más mínimo, la presunción de inocencia, a referentes sociales y políticos opositores, estigmatiza con el relato condenatorio de violentos a comunidades, etnias y sectores sociales que luchan por sus derechos.

Es la esquizofrenia de un "cacareado" republicanismo, del nuevo orden colonial y liberal que nos gobierna, pintado con globos y despintado y vaciado de memoria- verdad-justicia y derechos para los trabajadores, los jubilados y los pueblos, empecinadamente rastreadores de sueños de libertad que no se rendirán jamás.

 
 
 
 
 
 
 
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