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miércoles 13 de diciembre de 2017
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17/09/2012
Tecnología
Diez claves para que las baterías duren más
Ya sé. Finalmente cambiaste tu celular por un buen smartphone. Gran pantalla, aplicaciones, Wi-Fi, GPS..., y una batería que apesta. El entusiasmo te duró menos de 24 horas, ¿no? Sé lo que se siente.

Estabas habituado a una autonomía de 4 o 5 días. Y ahora esta cosa se queda sin aire poco después de media tarde. Si vas a clase a la noche o te toca un viaje largo en avión (y no llevaste la notebook), adiós. Marche un: Me estoy por quedar sin batería, te aviso .

Bienvenido al mundo de los smartphones de alta gama. Para ponerlo en términos cotidianos, acabás de comprarte una Ferrari que tiene el tanque de nafta de una Vespa.

Afortunadamente, toda analogía es, por definición, inexacta, y un smartphone no es una Ferrari. Ni la batería es un tanque de nafta.

Pasado el disgusto inicial (tranquilo, hay cosas peores en la vida), has de convertirte muy pronto en un experto en extender la autonomía de tu teléfono. Incluso hay programas para automatizar esta tarea, aunque mi mejor consejo es entender los principios y configurar el teléfono manualmente para que consuma menos. Vuelvo sobre esto al final.

Antes que ninguna otra cosa, hay que poner en el saco o la cartera un cable USB compatible con nuestro teléfono. Cualquier computadora con puertos USB servirá para cargar el teléfono en caso de urgencia. Sí, incluso la notebook. Sí, sí, incluso una notebook funcionando sobre baterías.

Diez pistas y un bonus track

OK, ¿por qué dura tan poco la batería de tu nuevo teléfono? Bueno, porque no es un teléfono. Es una computadora, tiene una pantalla del tamaño de Saturno, interfaz de red, receptor GPS y, si no hacemos nada, se la va a pasar bajando mails y actualizaciones, y sincronizando calendarios. Hablará con Foursquare. Te notificará de Twitter y Facebook. Además, no es raro que lo usemos como reproductor de MP3. En fin. El muchacho no para nunca.

¿Podría tener más autonomía? Sí, claro. Con la tecnología de baterías de hoy, hay dos formas. O hacemos que el teléfono pese medio kilo en lugar de 100 gramos (no queremos eso) o activamos y desactivamos funciones de forma inteligente.

No abusaré de la teoría. Aquí van las reglas prácticas.

Mejor Wi-Fi que 3G. La conexión a banda ancha celular (el plan de datos) devora batería, punto. Hay dos enemigos peores, como vas a ver enseguida, pero 3G es la clase de función que nos olvidamos activada de noche, cuando es obvio que no la necesitamos, y a la mañana el smartphone tiene 1% de carga.

De modo que si hay Wi-Fi en tu casa, apagá 3G; mi widget favorito para esto es 3G Watchdog . Además, Wi-Fi siempre va a andar más rápido, lo mires por donde lo mires, porque el 3G local deja mucho que desear.

Mi método : tener siempre apagado 3G, excepto cuando estoy esperando un mensaje urgente por mail o Whatsapp y no tengo ningún Wi-Fi a mano.

Otra cosa: podés optar, en Android, para que el plan de datos sólo use 2G (GSM) o sólo 3G (WCDMA). Esto ahorraría, en teoría, algo de batería. La contra es que el 3G en la Argentina muchas veces anda tan mal que el esfuerzo del teléfono por engancharlo es peor que dejar el modo de red en automático (y encima te deja sin conexión). Experimentá con las opciones, porque depende de donde vivas o trabajes. Esto se elige desde Configuración> Más> Redes móviles> Modo de red . Ante la duda, dejalo en Automático .

También podés instalar una app para alternar manualmente entre 2G y 3G. Hay varias en Google Play.

Apagá ese GPS. El otro enemigo jurado de la batería es el GPS. Los que llevamos varios años con estos dispositivos sabemos cómo es la ecuación: el GPS pone instantáneamente el teléfono a la temperatura de la corona solar. Si un dispositivo disipa más calor significa que está consumiendo más energía.

Para viajes largos, si tu auto tiene puerto USB, el cable será de gran ayuda. Mi método : mantener el GPS siempre apagado, excepto cuando me pierdo y necesito geolocalización.

A propósito, el teléfono puede quedar a una temperatura tan alta después de media hora de hablar con los satélites que cuando llego a destino lo dejo apagado 15 o 20 minutos. El calor disminuye la longevidad (no la autonomía, al menos en lo inmediato) de las baterías.

De un pantallazo. Te entiendo. Esos display LED son tan lindos. Gigantescos, además. Entre 4 y casi 5 pulgadas. Caramba. ¡La primera notebook -inventada por Bill Moggridge en 1982- tenía una pantalla de 6 pulgadas! Y era monocromática.

Todo bien, pero tanto lujo tiene un costo: consumo. Los que usan Android pueden mirar en Configuración> Batería cuáles son los componentes más hambrientos (a veces aparece como Administración de datos y Batería o, en los LG, como Ahorro de energía ; hay que tocar un par de segundos para que se desplieguen las opciones). La pantalla tiende a ocupar el segundo lugar en este ránking. De modo que la autonomía va a extenderse mucho si reducís al mínimo el tiempo que tarda en desactivarse sola y si te habituás a apagarla con el botón de bloqueo cuando cortás una llamada o terminás de mirar mails. Cada segundo de pantalla encendida cuenta.

Un aparte para el brillo. Es uno de los factores que hacen que los display sean tan voraces. Mi método: apagado en 30 segundos y brillo en automático siempre.

Misteriosa multitarea. Lo sepas o no, tu teléfono está ejecutando una larga lista de procesos (programas, para decirlo más fácil). Sí, aunque no lo estés usando para nada. Muchas de esas tareas son, por así decir, obligatorias. Pero otras quedan en segundo plano, vos creés que las apagaste y, entre tanto, algunas siguen usando el cerebro electrónico del smartphone. Así que tu Ferrari está detenida, pero vos seguís, sin darte cuenta, pisando el acelerador.

En rigor, el tema es un poco más complicado. En Android algunas aplicaciones se cierran al volver a la pantalla de inicio del teléfono. Otras, no, como Skype . Y todavía existen algunas que no se cierran nunca, como el cliente de Gmail o Whatsapp , y está bien que así sea.

Problema 1: algunas de esas aplicaciones pueden quedar en segundo plano robando energía. Problema 2: no podés saber exactamente cuáles.

Solución: cerrar las apps que no estés usando desde el menú correspondiente de la aplicación (ésta es la mejor opción) o manteniendo apretado el botón inicio hasta que aparezca la lista de programas recientes (Android 4.x o superior) y arrastrándolas hacia izquierda o derecha. Si tenés un Android anterior, podés usar el Administrador de tareas .

Teóricamente, Android se encarga de esto por las suyas. En la práctica, todo depende de qué programas uses. Y no sólo puede ocurrir que tu app favorita se resista a dejar de consumir batería en segundo plano, sino que, todavía peor, puede tener algún bug (error de programación) que la haga seguir consumiendo en segundo plano como si estuviera en primero ( www.purdue.edu/newsroom/research/2012/120613HuSmartphoneBugs.html ).

Mi método: cerrar las apps que no uso.

En el caso del iPhone, Apple asegura que la multitarea no afecta la autonomía ( http://support.apple.com/kb/HT4211 ). Cierto, por el diseño de iOS, su efecto sobre la autonomía es menor que en Android. No obstante, hay algunas apps que seguirán consumiendo energía en segundo plano. Mi método con los iPhone es, ante la duda, cerrar cada tanto los programas que están en la lista de recientes (doble clic en el botón Inicio).

¡Qué lindo screensaver! Hay algunos realmente ingeniosos. No sé si lindos. Bueno, hay de todo. En todo caso, es una de las primeras cosas de las que abusamos cuando compramos un teléfono con Android. Está todo bien, miralo un rato y después desinstalalo para siempre. Algunos están simplemente mal programados y consumen ciclos de procesador como si no hubiera un mañana; otros son más frugales, pero de todos modos, si hay tan poco paño para cortar, ¿realmente vale la pena regalarle una energía preciosa a un fondo de pantalla? Mi método: nada de screensavers.

Bluetooth. Aunque he visto que en muchas publicaciones se consigna a Bluetooth entre las funciones por desactivar para aumentar la autonomía, en mi experiencia Bluetooth no es un muchacho conflictivo. Pero depende del equipo y del sistema operativo. En mi viejo iPhone 3Gs, sí, tenía que mantenerlo a raya. En el Galaxy SII con Android 4.03 que uso ahora, es muy mansito. Mi método : probar durante un par de días y ver qué efecto tiene sobre la autonomía.

Problemas con el aire. Wi-Fi debe estar desactivado cuando no haya una antena que sepas positivamente que podés y querés usar. ¿Por qué? De nuevo, el mismo concepto: tu teléfono va a estar detectando y viendo si se puede conectar con cuanto hotspot haya en la zona. Si te estás moviendo (incluso en auto y por una avenida), el smartphone va a ser como un chico en una juguetería. Verá todo, tocará todo y querrá todo. Esa actividad consume batería.

Mi método: apago Wi-Fi si estoy en movimiento o si sé que, fuera de toda duda, no habrá un Wi-Fi que me interese. Soy bastante quisquilloso en este sentido, por razones de seguridad y privacidad, por lo que sólo uso mis propios Wi-Fi. Como se verá al final, no soy el único.

Sincronicidad. Si hay Wi-Fi, la Sincronización (Obtener datos, en el caso del iPhone) está OK. Si estás en movimiento y usando 3G, obligás al teléfono a estar oteando el horizonte para encontrar antenas e intentar obtener mensajes, actualizar calendarios y contactos, etcétera. Mala idea.

Mi método: excepto que esté esperando un mensaje urgente, evito sincronizar por 3G.

Actualizaciones, sólo por Wi-Fi. Por idénticas razones, conviene configurar el smartphone para que no se ponga a bajar updates de apps en cuanto detecte 3G. En Android eso se hace desde Configuración> Acerca del teléfono> Actualización de software.

Buena vibra. El ínfimo pero vigoroso componente que hace vibrar el teléfono no consume mucha energía. Excepto que lo hayas activado para absolutamente todo: cuando suena, cuando tocás la pantalla, en los jueguitos, al recibir actualizaciones, para mensajes de texto y alarmas del calendario, etcétera. Mi método: lo activo exclusivamente para las llamadas de voz y el calendario. La energía disponible es demasiado escasa para derrocharla, y por regla general lo único urgente son las llamadas y las alertas de calendario.

Bonus track. Señal pobre equivale a más consumo de batería. Cualquiera que viva en una casa antigua con mucho hierro en la estructura y gruesas paredes de hasta 60 cm de ancho sabe esto. Por señal pobre me refiero a esos casos en que es tan baja que por momentos directamente no muestra ni una rayita. Mi método: desactivar 3G en interiores y, si no espero llamadas por la noche, ponerlo en Modo Avión al irme a dormir.

Juicy Defender

Como dije, prefiero entender los principios y sobre esa base experimentar la configuración que me ofrezca el mejor balance entre funciones, usabilidad, confort y autonomía.

Gran parte de esto se puede automatizar en Android usando un programa como Juicy Defender . La versión gratis ofrece una paleta extraordinaria de opciones, incluida la posibilidad de encender Wi-Fi por geolocalización (por ejemplo, cuando llegás a tu casa).

Pero Juicy Defender tiene el mismo problema que todos los programas de su clase. Para que rinda frutos requiere mucha configuración. Por ejemplo, si lo usás como viene va a desactivar 3G cuando la pantalla está apagada. Eso ahorra energía, pero uno tiene 3G activado para recibir actualizaciones, mails, mensajes de Whatsapp y así.

Mi mejor consejo es: si vas a instalar esta app (u otras de su clase, hay unas cuantas en Google Play), dedicale media hora a leer la Ayuda y configurarla la aplicación. Si no, alcanza con ser cauto en el uso de 3G, GPS y la pantalla para aumentar significativamente la autonomía de tu teléfono.

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Fuente: La Rioja a Pleno

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